“LA CULTURA MERECE SER DESCIFRADA. SUS
EXPRESIONES Y DRAMAS REQUIEREN SER
INTERPRETADOS": ESE ES EL PRIMER RETO EN EL
POSCONFLICTO”
Germán Rey
Relatora: Claudia Constanza Pinzón Romero
El Profesor Germán Rey llegó a Popayán un día
caluroso de agosto de 2016 como invitado
experto y ponente central del Ministerio de
Cultura. La visita de este intelectual a la ciudad
Blanca hay que abonársela a los acuerdos de Paz
que el estado Colombiano, bajo el mando del
Presidente Juan Manuel Santos, ha concertado
con el grupo guerrillero de las FARC en La Habana
Cuba.
Fue invitado a disertar sobre la relación
entre tres categorías de análisis y debate que, por
cierto, están de moda en la política Colombiana:
cultura, comunicación e innovación en el periodo
del postconflicto.
Estuvo vinculado con el Centro Nacional de
Memoria Histórica donde dirigió el informe sobre
violencia contra periodistas y comunicadores en
Colombia, estudio realizado en el periodo
comprendido entre 1977 y el 2015. Realizando
este trabajo pudo observar los cambios en el
campo de las comunicaciones, lo que generó algunas reflexiones que retomó para iniciar su
disertación:
“En Colombia, entre 1977 y 2015, se asesinaron
152 periodistas por razones de oficio, algunos de
ellos del Valle del Cauca y Cauca. El Valle del
Cauca figura entre las 5 regiones de Colombia
más asoladas por la violencia contra periodistas.
Además Colombia durante los últimos quince
años ocupó el glorioso lugar de estar entre los
diez países del mundo (no de América Latina)
más peligrosos para ejercer el oficio de
periodista, es decir; el ejercicio de informar al
público, de animar la cultura con información útil
para su vida ciudadana, es un gran riesgo en
Colombia.
Los 152 periodistas asesinados son los
protagonistas del último libro que escribí y por la
época en que finalizaba el trabajo se sumó a la
lista el asesinato de otro periodista en Pitalito. Lo
sorprendente es que de estos crímenes sólo
cuatro casos han sido resueltos es decir, de 153
periodistas asesinados sólo hay 4 casos de los
cuales se conocen los autores intelectuales y
materiales del crimen. El caso más reciente
sentenciado fue el del subdirector del Periódico
La Patria de Manizales, Orlando Sierra, asesinado
por un sicario cuando acababa de almorzar y se
dirigía caminando al periódico, tomado de la
mano de su hija; en este caso la investigación
tardó 13 años y en 2016 un tribunal dictaminó
que el autor intelectual del asesinato de este
comunicador fue un político caldense.
2010- 2015.
Entre el momento en que es asesinado Orlando
Sierra en Manizales y el momento en que el
Tribunal Superior sentencia a un político como
instigador del crimen se cometieron otros nueve
asesinatos cuyo fin era desviar completamente la
investigación y permitir al olvido tomar el lugar
de la justicia debida a la sociedad. De los 152
asesinatos de periodistas en Colombia, un 50%
ha prescrito penalmente lo que quiere decir, que
no se conocerá la verdad sobre los responsables
pues han pasado más de 20 años desde el
momento en que se produjeron los hechos.
Todo este preámbulo de violencia finalmente da
inicio a tres realidades que son el trasfondo del
posconflicto: cultura, comunicación e
innovación. Tres conceptos que deben mirarse
hacia el futuro de Colombia después del acuerdo
que se logre en La Habana entre el estado
Colombiano y las FARC.

Lo primero es entender qué es Cultura. Clifford
Geertz en su libro La Interpretación de las
culturas en 1992, propone una antropología más
cercana a las ciencias humanas cuya tarea
principal no sea medir y clasificar sino
interpretar. De esta forma, restauró el ideario de
Kroeber y Boas, quienes mencionan que la
cultura consiste en leer el quehacer humano
como un texto y la acción simbólica como un
drama en el cual se manifiesta por sí misma la
capacidad humana de expresarse en una retórica
autoconsciente.
 |
Grupo Cantaclaro del Cauca- Director Diego María Arenas |
Partiendo de lo anterior puede recordarse como
dice Geertz que la cultura debe entenderse como
esa red de significados poco lineal; como una tela
de araña que merece ser descifrada y
comprendida en su sentido más amplio. Geertz,
en el primer capítulo de este libro afirma que la
cultura es un documento público, un testimonio
público lleno de vida, de lagunas, escrito no con
fórmulas tradicionales lineales sino con
comportamientos volátiles y dinámicos. Así, la
mitad del libro es contextual-reflexivo y la otra
mitad es un estudio del sistema religioso, donde
retoma una riña de gallos, un hecho popular,
para mostrar un sistema complejo, tan rico,
intrincado y lleno de contradicciones.
La cultura
es un hecho intrincado en actividades
populares”.
Para recrear este concepto el Profesor Rey
recordó su tiempo de espera en el aeropuerto
mientras viajaba para el Cauca. Observó a
quienes lo rodeaban en el avión y después
quienes lo rodeaban en el aeropuerto y vio, que
en el avión los primeros que entraron y que lo
saludaron, sin conocerlo, fueron unos
representantes de pueblos indígenas y cuando
estaba sentado en el aeropuerto observó el
número significativo de personas
afrocolombianas y pensó en que esta (el Cauca)
es una región donde se conectan los grupos
étnicos, las luchas tradicionales, los pueblos y sus
reivindicaciones; un territorio de mixturas
étnicas y rico en expresiones vivas de la cultura,
como lo menciona Geertz.

Es así que los
tambores y marimbas propias del Cauca, no son
instrumentos muertos sino instrumentos vivos,
porque son expresión de tradiciones, de
patrimonio inmaterial, de significado que
merecen ser escuchados. Ellos (refiriéndose a
una marimba y un tambor detrás de él en la
tarima), aparentemente ahora están mudos,
pero forman parte de una red porque esta
marimba o este tambor están conectados con los
modos de vida, con los sueños, con las
tradiciones, con las costumbres, con todo aquello
que forma parte de lo que se llama cultura.
Por
tanto, el Cauca debe ser priorizado
por su valor cultural y la cultura no puede ser la
menor de las prioridades nacionales; la temática
más resaltada en las planificaciones del
postconflicto ha sido la cultura y por eso los
actores sociales a nivel regional, local, nacional,
deben exigir que esos tambores y esas marimbas
que forman parte de la vida de mucha gente sean
un tema prioritario en la mirada sobre el
postconflicto.
Así continuó el expositor:
“La segunda realidad o categoría es la
comunicación. Lo primero es recordar que la
comunicación no son los medios. La
comunicación va mucho más allá de los medios:
Se cometieron otros nueve
asesinatos cuyo fin era
desviar completamente la
investigación y permitir al
olvido tomar el lugar de la
justicia debida a la sociedad
es el proceso de producción, circulación y
apropiación de sentidos, de significados sociales
porque todos producen información, mensajes y
representaciones que circulan; esas
representaciones están en la cotidianidad y
también en las radios comunitarias, en los
periódicos grandes o pequeños, y, cada vez más,
en medios digitales. Uno siempre está en proceso
de aprendizaje y busca enseñar al otro de
distintas formas.
Barthes nos recuerda que en la interacción
constante de la vida uno enseña lo que sabe,
después, uno enseña lo que no sabe, y eso se
llama investigar, y después, uno desaprende todo
lo que sabe, y eso se llama sabiduría. Cuando uno
puede desaprender todo lo que sabe, he ahí el
hombre sabio. Por ahora, lo que hago es enseñar
lo que más o menos sé, y trato sobre todo de
enseñar lo que no sé, que es investigar.
Hay entonces muchas formas de circulación y
muchos bloqueos también a la circulación como
matar periodistas, pues ha habido un proyecto
intencionado de los narcotraficantes, de los
paramilitares, de agentes del estado en estos 60
años, cada uno receloso de que la comunidad
fuera informada adecuadamente y de que
circularan las noticias de la mano de un
comunicado. Hoy, en esos instrumentos
silenciosos de la comunidad, ya empiezan a
escucharse los sonidos de los tambores y los
sonidos de las marimbas porque la comunidad
identifica que la comunicación está por dentro,
no simplemente por fuera; en las diversas
expresiones de los grupos sociales hay
comunicación y no solamente sumisión y
obediencia.
El tercer concepto es el de la innovación. Un
concepto maltratado, desconocido,
habitualmente asociado a la tecnología pero que
en su trasfondo invita a pensar en lo original, en
lo nuevo, en lo que transgrede, en lo
instrumental, en lo que cambia, en lo que se
transforma, en lo que abre caminos. Rey
recuerda que en el aeropuerto de Bogotá
mientras esperaba comenzó a rodar información
en una pantalla. Las imágenes mostraban la
evolución de la telefonía móvil y la telefonía
celular, la innovación tecnológica; destacaban
que la telefonía celular ha tenido una expansión
más rápida y más amplia en Colombia y esto
rememora el evento acerca del primer siglo
colombiano sobre la cultura digital que promovió
el Ministerio de la Tecnología de la Información y
la Comunicación, en donde se constataba que el
mobiliario tecnológico cambió en primera
medida el mobiliario cultural de los colombianos:
antes, todos tenían unos libros en una pequeña
biblioteca, música, cd, discos, radiolas, radios,
televisión; encima del televisor había una
bailarina que la tía había traído, mobiliario
colombiano entrañable, memorable,
culturalmente significativo, incluida por supuesto
la bailarina de la tía. Ahora este mobiliario ha
cambiado completamente; ha aumentado el
número de computadores en el hogar y el
teléfono móvil se ha expandido en los estratos 1
y 2 con los niveles más altos de desarrollo y se ha
dejado progresivamente la telefonía fija de tal
manera que el futuro es de telefonía celular que
no es solamente para hablar, sino para descargar
música, para conectarse a redes, para obtener
conocimiento, para tomar fotografías, para leer
correos electrónicos, es decir, esta evolución
cambió la economía y transformó
completamente ese mobiliario de los hogares y la
comunicación de los hogares.
Es extraño
entonces que se piense que la innovación
consiste en cuántas tabletas se tienen, cuántas
redes se crean, a cuántos dispositivos se acceden,
o con cuántos datos se cuenta puesto que estas
innovaciones tecnológicas son innovaciones
culturales y comunicativas. Para concluir,
innovación significa inteligencia colaborativa casi
siempre, interactividad entre sujetos y casi
siempre riesgo de futuro. Las imágenes en el
aeropuerto, finalmente, son una descripción del
uso del teléfono como innovación y su expansión
en un tiempo muy corto, pero esto es muy breve
frente a lo que ha sido la innovación y
transformación de la comunicación y la cultura,
Los actores sociales deben
exigir que esos tambores y
esas marimbas que forman
parte de la vida de mucha
gente sean un tema
prioritario en la mirada sobre
el postconflicto.
situación que se debe observar con detenimiento
en los tiempos y procesos de paz que vivimos.
Dado que son tres asuntos fundamentales en la
historia actual de Colombia, mucho mejor si no
se aceptan las tres definiciones puesto que hay
que reflexionar acerca de algunas repercusiones
culturales y comunicativas del conflicto.
El
conflicto ha traído repercusiones de mucha
índole; repercusiones económicas,
repercusiones en número de vidas,
repercusiones sociales en las regiones. Esto es lo
que deben comprender muy bien los ciudadanos
cada vez que consideran el hecho de la paz. Pero,
¿desde el punto de vista cultural y comunicativo,
qué repercusiones ha traído el conflicto
colombiano?
Para comenzar se pueden mencionar solamente
algunas. En primer lugar el conflicto ha traído
miedo y silenciamiento de personas y
comunidades, no solamente miedo y temor, sino
el hecho cultural y comunicativo más importante
que es el silencio. En segundo lugar ha traído, la
ruptura violenta de la pertenencia e identidad
cultural, es decir, lo que se ha roto en el fondo no
es la tierra, no son las minerías, no es el comercio,
lo que se ha roto es lo más profundo de una
comunidad o sociedad: sus lazos de pertenencia.
¿Qué significa para un país tener seis millones de
desplazados en una población de 40 millones?
Una nación partida en dos. Este es el país del
mundo que ha tenido el mayor número de
desplazados internos en la historia reciente de la
humanidad.
Estos desplazados significan no solamente gente
que se tiene que ir, estos desplazados significan
rupturas del tejido cultural y comunicativo más
profundo de la sociedad. Es decir, salir de la
tierra, es salir de lo que le pertenece a la gente,
es salir de la memoria de las personas y de las
comunidades; es salir de la relación con los otros,
con el entorno, es salir de las formas de la
convivencia.
Hace poco, las comunidades de Montes de María
que fueron asoladas por la guerrilla y por
paramilitares han comenzado a construir un
museo itinerante con la forma de un mochuelo,
que es un pájaro muy importante de la región. No
es un museo estático en un edificio patrimonial
con unas vitrinas que nadie puede tocar. Es un
museo vivo que puede ser llevado de un pueblo
a otro, que pasa por el Salado, que pasa por
Montes de María, que pasa por los caños de
Bolívar todo un día, es tan móvil como el porro,
(claro, el porro como música). Este museo se ha
hecho para contar las historias, para ver los
vecinos, para ver los pueblos, para dialogar sobre
los desplazamientos. Cuando la comunidad
empezó a dialogar sobre cómo quería el museo,
manifestó que quería en la puerta del museo una
cantidad de sillas mecedoras, porque es la
costumbre conversar sentados en ellas, contar
historias mientras se mecen. La cultura como
innovación debe ser el objeto, las bellas artes, las
expresiones humanas en toda su diversidad, no
sólo un dispositivo electrónico.
En tercer lugar otra de las repercusiones más
fuertes ha sido el sufrimiento y a la vez el
desconocimiento de los pueblos y grupos étnicos
de departamentos como el Cauca. En cuarto
lugar está la pérdida de confianza social. En
quinto lugar se encuentra la fractura del tejido
comunicativo regional, porque donde hay miedo,
silencio, acallamiento, y violencia se rompe el
tejido de la interacción de la sociedad, que no es
tejido de medios, sino el tejido de la
comunicación.
Hay también otras repercusiones como lo que
ocurrió en las acciones contra la opinión pública
por los violentos, que buscaron atemorizar y así
tener una hegemonía de todo tipo: territorial, de
autoridad, de respeto. Pero, sobre todo, querían
cortar y controlar la opinión porque tenían un
interés específico intencional: querían participar
en la construcción de la opinión local, regional y
nacional.
Otra característica de estas repercusiones
culturales y comunicativas del conflicto, ha sido
el autoritarismo desmedido, el quiebre, la
ruptura, la fractura intencional de los sentidos
comunitarios. Estos son problemas que provocó
el conflicto en la cultura; por supuesto, hubo
persecución a artistas y muchas expresiones
El conflicto ha traído miedo y
silenciamiento de personas y
comunidades
culturales se debilitaron, la memoria patrimonial
fue lacerada, pero al lado de esto, hubo también
expresiones de resistencia cultural y
comunicativa en el conflicto como la persistencia
y prácticas de comunicación de solidaridad y
denuncia, la cohesión comunitaria frente a la
violencia, la recreación cultural a través de las
expresiones populares o la movilización popular
frente a la práctica del despojo.
Finalmente, la cultura y la comunicación son
importantes para la convivencia en el
postconflicto cuando la convivencia tiene que ver
con comunicación y cultura, pues ésta depende
del desarrollo colectivo de nuevas formas de
expresión, de comunicación, de diálogo y de
significación. Por tanto, hay varias tareas a
realizar:
Primero, frente a la fractura del tejido
social y comunicativo, la reconstrucción de la
comunicación y de la cultura como un reto:
conversar más, hacer circular los significados, los
argumentos, empoderar a las comunidades,
descubrir los miedos. De esta forma se evitan los
argumentos ligados a las significaciones y como
no, a los empoderamientos que son espinosos
temas no exclusivos del postconflicto.
Segundo,
hay que fortalecer la calidad de la democracia
local y regional desde la comunicación y la
cultura. No puede haber realmente democracia
si no hay fortalecimiento de la cultura y no existe
una comunicación que sea de calidad si no se
respeta el pluralismo donde los argumentos se
fundan tanto en los que están de acuerdo como
en los que están en desacuerdo, los argumentos
en pro y en contra.
Tercero, la comunicación y la
cultura cualifican la participación que debe ser
cada vez más amplia y extenderse a los diferentes
sujetos y actores de la cultura local, regional y
nacional. La comunicación debe ayudar al
fortalecimiento de la ciudadanía cultural y
comunicativa; un gran propósito entonces es
contribuir al fortalecimiento de la ciudadanía
comunicativa, es decir, que somos sujetos de
derecho de comunicación y que somos sujetos de
derecho culturales. Esto es una labor comunitaria
en el postconflicto.
Como cuarta tarea se debe rediseñar la agenda
social. El acuerdo de la paz no es la paz. ¿Qué
hacen las sociedades en paz? Pues tiene unos
retos, unas respuestas a sus necesidades. Se
requiere establecer una relación de la
comunicación y la cultura con hechos de diseño,
por ejemplo: el Cauca es una región donde el
problema relacionado con la tierra es complejo y
por ello requiere de una política pública donde
participe el ciudadano de esta región, porque la
tierra tiene que ver fundamentalmente con la
cultura. No hay relación con la tierra que no está
mediada por una razón cultural y a veces en este
país se piensa en política de tierra como
repartición de tierras o construcción de un
inventario y no se ven las implicaciones de
comunicación cultural que se filtran.
Quinta y sexta tarea. Agendas culturales y comunicativas
específicas (y disculpen la irreverencia) lo que se
pactó en La Habana en términos comunicativos y
culturales es muy poquito, o dicho de otra
manera, lo que se pactó en La Habana en temas
comunicativos se discutía en este país en los años
70. Los medios no son un conjunto de medios
tecnológicos occidentales: son un conjunto de
medios fundamentalmente ciudadanos y
personales. Eso hace parte de la agenda que
habrá que construir. ¿Qué se entiende por
comunicación y cultura en este acuerdo?, ¿cómo
incluir la convivencia sin discutir sobre esos
temas?
La cultura puede aportar y debe aportar a la
afirmación incluyente de las regiones, los
territorios y las comunidades locales en este
acuerdo. No es solamente hacer una vinculación
entre comunicación-cultura en el postconflicto
sino desarrollarlos detenida y
comprometidamente. ¿Qué significa introducir
en las regiones estos temas?, ¿qué significan las
nuevas comprensiones de lo territorial y qué
significa el protagonismo cultural y comunicativo
de las comunidades locales?, ¿qué significa, por
ejemplo, el discurso de la apropiación
patrimonial en comunidades pequeñas?, ¿qué
significan las prácticas artísticas y su promoción
de las regiones?, ¿qué significa convivencia
educada, interculturalidad, en regiones con una
riqueza y también con un conflicto étnico?
Más pluralismo en los medios
y más opinión pública
diversificada ayudarán en esta
época del postconflicto.
La Séptima tarea es la justicia y las garantías de
reconstrucción desde la comunicación y la
cultura. El problema de la verdad no es que haya
tribunales aprobados por la negociación de La
Habana, tribunales especiales de paz, para
repartir decisiones y sentencias que tienen que
ver con la justicia. Esto es fundamentalismo
claro. Sin embargo, ¿qué significa la verdad desde
la cultura y desde la comunicación?, ¿qué
significa una comunicación de la verdad?, ¿qué
significa justicia cultural? Significa que son
justicias comunicativas. Las únicas garantías en
los procesos de paz son las de no repetición”.
Germán Rey finaliza la presentación diciendo: “ya
no deseo escribir más libros tristes, no quiero
seguir sumando asesinatos, ni secuestros, ni
bloqueos de oficio, ni silenciamiento de
comunicadores. Espero que en el postconflicto la
gente, la cultura y la comunicación sean una
construcción conjunta en este país tan
martirizado por la violencia. Lamentablemente,
estos temas, claves en esta etapa del
postconflicto y del post-acuerdo no han sido
importantes en el debate del gobierno durante
estos tiempos. En resumen, hay muchas cosas
por hacer frente a estos tres temas: crear una
agenda nueva para el país, para la comunicación
y de la cultura; fortalecer la democracia con una
comunicación más pluralista, más abierta, con
menos silenciamiento, más argumentativa, pero,
también, con una cultura que identifique la
tradición, el pasado, lo patrimonial, que se
arriesgue a pensar la cultura en el nuevo mundo
que se está viviendo: digital, virtual, mediático.
Además, es necesario que se aumente la
participación y la calidad de la participación de
los ciudadanos; más pluralismo en los medios y
más opinión pública diversificada ayudarán en
esta época del postconflicto.”
Al finalizar la presentación el Profesor Rey
responde inquietudes:
Profesor Rey, usted mencionó unos retos para la
comunicación y la cultura en el postconflicto.
¿Qué papel juegan las experiencias significativas
de las regiones para recuperar sus propios
dramas y alcanzar la visibilización y
participación social?
La participación de la comunidad y la sociedad es
decisiva y definitiva; eso no es solamente de
reuniones en La Habana o en el Palacio de Nariño.
Se hace desde los territorios, desde las
comunidades locales, desde las regiones puesto
que son los que han sufrido los temas de la
violencia y son los que también deben sacar
adelante las agendas que le son propias. Por
supuesto, las experiencias locales son
fundamentales. Las experiencias que se tienen
desde la música, la danza, las bellas artes, el
deporte, en los nuevos medios, en la televisión,
en las experiencias periodísticas. No es una
planificación central la que aporte a la
transformación o reconstrucción, este es un
proceso ascendente que debe provenir de lo
local, de las regiones, y mucho más para el caso
de Cauca, que es una región conflictiva y
riquísima culturalmente donde se genera un
encuentro, un diálogo constante que teje la
convivencia entre comunidades
afrocolombianas, pueblos indígenas y otros
grupos de habitantes de la región.
Los comunicadores ya comunicaron desde el
conflicto. Ahora, ¿cómo comunicar desde la
paz?, ¿cuál va a ser el papel de los periodistas?
Durante años yo he estado estudiando cómo ha
sido la representación que han hecho los medios
de comunicación del conflicto colombiano; ahora
se debe pensar en paz y aunque no soy optimista
porque cuando hice el informe sobre la violencia
contra periodistas uno de los asuntos que más
me llamó la atención es que muchos de los
crímenes contra periodistas se debieron en
Colombia a la corrupción. Si no se lucha contra la
corrupción creo que el peligro contra los
informadores, contra los periodistas, va a
continuar. No es un asunto solamente de
guerrillas por supuesto es de BACRIM, es de
Ya no es solamente RCN y
Caracol. Hay vida más allá de
estos informadores, hay
mucha vida y hay que
promover mucha de esa vida
informativa, eso es lo
importante para el país.
paramilitares, es incluso de agentes del estado
pero también es un fenómeno muy ligado con la
corrupción.
Entonces hay que repreguntarse completamente
cómo informar en una sociedad que necesita
reformas, en una sociedad que necesita el
reconocimiento del otro, de aquellos con los que
se está en desacuerdo, de aquellos que se han
criticado como las guerrillas, que ahora van a
pasar a ser actores civiles.
¿Qué significa el
reconocimiento de ellos y qué significa cualificar
la argumentación de la sociedad sobre los
problemas que tiene la sociedad y no
simplemente manifestar la opinión alrededor de
estereotipos de ideas que no son fundamentadas
como está sucediendo hoy en día con el debate
público sobre el plebiscito?
Va a ser muy interesante en el futuro el papel de
los medios digitales. En un estudio que realicé
sobre medios digitales en Colombia encontré 350
medios digitales y un año después hice la misma
investigación y encontré 700. Quiere decir que
por toda Colombia, desde el Putumayo hasta
arriba en La Guajira, se representa en sitios web
con información. ¿Cómo mejorar, como apoyar
estas experiencias? No son sólo experiencias de
grandes medios, ya no es solamente RCN y
Caracol. Hay vida más allá de estos informadores,
hay mucha vida y hay que promover mucha de
esa vida informativa, eso es lo importante para el
país. Pero, sinceramente, le respondo, yo creo
que para la época del postconflicto hay que
poner en juego lo que siempre han sido los
elementos fundamentales del buen periodismo,
es decir rigor, precisión, imaginación, diversidad
de géneros, pluralismo. Es decir, lo que se ve en
el primer semestre de periodismo; eso es lo que
hay que poner en movimiento, aunque hay que
ayudar con formación sobre otros aspectos que
son muy propios del caso colombiano.
La intolerancia acalló a los periodistas formales
pero cuando se hace periodismo social con
denuncias públicas, también el periodista es
víctima de la misma comunidad, ¿será por falta
de cultura?
Sí. Es necesario observar los peligros, los
problemas. Más que peligros para la
comunicación y la información no están
radicados solamente en los grupos armados que
están por fuera de la ley. Podría decirse incluso
que grupos que están dentro de la ley son una
amenaza. También hay incomprensiones que se
generan en la propia comunidad; es necesario
trabajar con la comunidad la idea de que la
libertad de expresión no es solamente libertad de
periodistas o de empresas periodísticas, sino que
esto tiene que ver con la gente misma. Ese decir,
que la gente, los ciudadanos, no pueden ser
ciudadanos; sino están afincados en la libertad de
expresión. A veces los riesgos no están en los
grandes actores sociales, sino también en el
conjunto de la sociedad.
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